sábado, 27 de mayo de 2017

Minas de Texeo [Riosa]


Ruta de senderismo y espeleo-minería por el concejo de Riosa, saliendo del pueblo de L.lamo, pasando por el poblado semi-rehabilitado de Rioseco y subiendo hasta las minas neolíticas de Texeo.
Últimamente nos está dando por visitar algunas cuevas y minas que abundan por zonas calizas de Asturias, y hoy nos acercamos hasta estas minas que datan del Neolítico, alrededor de 4500 años antes de cristo. Estas minas las había visto en el programa de Mochileros, y desde entonces tenía ganas de conocerlas, había pasado por la zona una vez subiendo hasta el Xistras y el Gamoniteiro, pero no las había encontrado. Esta vez ya fuimos a propósito a verlas aprovechando que daban tiempo regular, y que no es una ruta demasiado larga en distancia, aunque tiene desnivel.
La ruta no está señalizada, pero cómo sólo hay un camino-sendero, hasta los restos de la mina de cobre del siglo XIX se llega, después alcanzar la mina neolítica es necesario llevar un track o alguna indicación para encontrarla, de hecho, leyendo por lo visto hay otra bocamina que no encontramos.


Mapa del recorrido
La ruta comienza en L.lamo, un pueblo al final de la carretera que parte de la Ara, una carretera muy estrecha donde hay que ir despacio en las curvas porque no se cruzan dos coches. En el pueblo se puede aparcar en la plaza que está a la entrada, pero sólo caben dos coches, así que es un poco complicado el tema de aparcar.


Saliendo de L.lamo
En el pueblo a la entrada hay una buena fuente, el agua casi sale a presión así que se puede recoger agua aquí para el camino, y hay carteles de señalización para ir hasta el poblado minero de Rioseco, con las casas de la antigua mina de Cobre que había aquí, y que continuaron la explotación neolítica.

Las laderas del Aramo ahí estan los restos de la mina
El camino está hormigonado y no tiene pérdida, en los cruces hay carteles y marcas que guían al poblado. Lo único es que el hormigón resbala bastante en la bajada, así que cuidado. Desde el camino se ven las laderas del Áramo, y en una cresta caliza se ve una puerta de una mina, aunque después no se pasa por ahí, pero resulta llamativo.

Llegando al poblado rehabilitado
El poblado consta de tres casas rehabilitadas y otras dos de las que quedan los muros. Las rehabilitadas hay una con ventanas y las otras no, con lo que entran los pájaros a nidificar y cagarlo todo. Llevan así más de 6 años y no tienen un uso definido, ni son albergue ni nada. Otro más de los despilfarros de los fondos mineros de nuestros iluminados dirigentes. En unos años las rehabilitaciones tendrá que volver a repetirlas por no mantener/usar las viviendas.

La que está rehabilitada
Detrás de las viviendas de los obreros están las ruinas de las instalaciones mineras, con unas balsas de decantación para el mineral y una chimenea, que supongo que fuese para el ingenio de vapor que movía todas las máquinas de la mina (sistemas de transporte aéreo con baldes o algún otro elemento, sistemas de ventilación...).
Encima de estos restos han construido un mamotreto-mirador en acero corten que domina el entorno.

Los restos de la mina

El mirador y la chimenea

El mirador desde más arriba
Para subir a la parte de arriba se puede hacer por las escombreras, aunque están bastante inclinadas, o por una pista por la izquierda. En las escombreras, cuando lo rehabilitaron habían puesto unos troncos a modo de escalones, pero ya están arrancados y medio podres, así que ya no cumplen su función.

El día no acompaña demasiado, nieblas bloqueadas por el Monsacro
Según pone en los carteles, a parte del transporte aéreo que se hacía desde las plantas superiores, también construyeron una galería horizontal, en lo que se llamaba el socavón, para sacar por aquí el mineral que dejarían caer desde las plantas superiores. Otras veces la puerta estaba cerrada con candado, pero esta vez estaba abierta, así que entramos hasta encontrar otra valla en el tunel, son unos cuantos metros de galería, toda en piedra y en algunos tramos de ladrillo.

Entrada a la galería del Socavón
La galería revestida de ladrillo y piedra
Tras salir de la galería seguimos camino, hay un sendero que va por encima de la bocamina, aunque para llegar a él lo mejor es buscar la pista a la izquierda, y una vez alcanzado avanzar con las continuas zetas. En horizontal, la parte alta de la mina está a apenas un kilómetro, pero hay infinidad de zetas y los kilómetros se multiplican. El camino se nota que era importante, es ancho a tramos, empedrado incluso, era por donde subían los animales y los mineros hasta la parte alta de la mina.

Un tramo del camino
El camino se hace largo, aunque es cómodo, atraviesa un bosque y la pendiente es cómoda, pero las zetas se acaban odiando un poco. En una de los recodos quedan los restos de una cabaña y restos del cable que se empleaba para bajar el material. Podrían haber rehabilitado también alguna de las columnas de este sistema de transporte.

Cabaña con restos de los cables
Tras salir del bosque hay una serie de zetas entre folechos, y después se llega a una zona de prados, ya casi estamos en la zona alta de la mina, lo que sería la planta primera según uno de los carteles sinápticos de abajo.

La zona de prados
En los prados las zetas ya no son tan claras, hay que avanzar por donde mejor se pueda, la pendiente sigue siendo grande, así que ahora las zetas la hacemos nosotros. Hay que subir hasta encontrar restos de la antigua explotación del siglo XIX, abierta por los ingleses.

Los prados y detrás la niebla y nubes retenidas en la zona de Mieres
La primera construcción que se ve es un centro de transformación, al cuál le queda poco en pie porque una esquina ya está totalmente rota. Después a la derecha hay los restos de lo que por lo visto era una cuadra para los animales que tenían para arrastras las vagonetas por el interior de la mina. También queda una pared con dos ventanas de otro edificio, y una bocamina.

La bocamina


La cuadra
Uno de los cangilones del transporte aéreo de mineral (ahora un hormiguero)
Las dos ventanas
Zona aproximada hacia donde hay que ir para llegar a las minas neolíticas
Tras visitar esta zona hay que seguir subiendo por el prado unos cuantos metros más, pasando al lado de una fuente, un poco más arriba otra bocamina natural, y un poco por encima girar hacia la izquierda siguiendo unos jitos que hay. Los jitos son la mejor indicación de hacia dónde hay que ir, según se sube a la izquierda. La entrada está encima de una escombrera, y esta entrada impresiona bastante, es un pedazo de agujero, mucho tiempo excavando para hacer este agujero.

La entrada a la mina neolítica, fijarse en el detalle del tamaño de los dos compañeros
La mina la había visto en la televisión y por fotografías, pero en vivo impresiona mucho más por su tamaño. Los ojos de buey que hay abiertos son inmensos. En la foto esférica inferior se perciben con más claridad, aunque falta la referencia del tamaño.



La bajada es bastante inclinada y resbalosa así que hay que hacerla con cuidado, y nunca menos de tres-cuatro personas para poder avisar en caso de accidente. Tras bajar hasta la boca se empieza a notar el frío que sale de la mina. Toca abrigarse y encender el frontal para entrar más adentro.

Entrando a la cueva
Los senderos que hay para bajar son inclinados y resbalan porque son tierra y piedra suelta, así que con cuidado y mejor ayudados por un bastón. Una vez dentro se empieza a ver el peligro, hay agujeros de hundimientos por todos lados, y también hay restos de galerías a varias alturas.

Hundimientos en el suelo de las galerias
Es importante tener cuidado porque todo el suelo tiene galerias a distintos niveles y hay hundimientos, así que para cuidado que no se produzcan más, y nos caiga algo encima o nos quedemos encerrados. Puede parecer que estamos en una zona sólida, pero sólo unos metros más abajo unas maderas nos están sosteniendo. En los primeros metros se parece a la película de Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal, la mina tiene galerias y cavidades bastante grandes, pero hay una que tiene una vagoneta montada sobre unos raíles elevados sobre otras galerías, que todavía recuerda más a la película

La vagoneta
Si nos fijamos en el entorno de la vagoneta se pueden ver más efectos de los derrumbes que ha habido en la mina, el trozo de carril no debía de acabar contra la pared sino que debería de seguir, pero esta bloqueado. Después debajo hay grandes socavones producto de hundimientos en galerias inferiores.

Una de las galerías entibadas
Después de un rato dentro y de recorrer unos cuantos metros toca dar la vuelta, no conviene estar mucho tiempo aquí abajo, Aunque hay huellas de haber pasado gente por aquí. Hay alguna zona con mucho barro que no merece la pena visitarlo. 

Camino de salida
En toda la mina quedan los restos retorcidos de tuberías de hierro, que los derrumbes han ido arrancando, y la corrosión ha ido poco a poco rompiendolas. Una vez fuera, si se sigue más hacia el este, por encima de una escombrera se llega hasta una última bocamina moderna, que está bloqueada con una vagoneta.

La última bocamina
Por lo visto hay alguna bocamina más un poco más hacia la derecha, pero no sabíamos de su existencia y no las pudimos ver. Así que iniciamos el trayecto de bajada, visti

Las nubes de niebla siguen bloquedas por el Monsacro y la Sierra del Llosorio
En la planta primera de la mina, junto a los restos de la pared con dos ventanas, y por encima del centro de transformación sale otro sendero que va hacia otra de las galerías modernas y cerrada con puerta metálica. En esta galería, que de nuevo no tenía candado, soplaba un viento frío que salía de la mina a una buena velocidad, avanzamos por él hasta llegar a un cierre medio derrumbado, y que tiene un agujero por donde el aire todavía iba más rápido y más frío, una auténtica nevera.

La bocamina de la planta primera


Siempre hay salida
Los datos de la ruta realizada, el tiempo incluye todas las paradas